MAMAMA 1-01

.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

“Lo demás,
todo lo demás que pudiera querer saberse de mi,
está cantando en mi poesía.”
Matilde

 

QUÉ, QUIÉN, DE QUIÉN, CÓMO Y POR QUÉ

Perseguimos la insinuación de una biografía de Matilde. No queremos agotarla en una cronología detallada de lo que fue su vida, porque corremos el riesgo de que la puntillosidad la vuelva aburrida; y ella no se lo merece. Tampoco se merece que usemos letra gótica para contar algunos de sus pasajes. Deberíamos utilizar los trazos del tercer grado de un menor  tutelado por el Estado; entonces se entendería mejor.

Estamos queriendo hablar de una mujer a la que todos llamaban “Matilde”, a secas; y aún la llaman, a tantos año de su muerte. Desde algún gran rabino o algún Arzobispo de La Plata, hasta el diariero que le alcanzaba el diario, por la ventana del escritorio, a las 4 de la mañana. Gobernadores y ministros, jueces, colegas y clientes. Borges, Galletti, Ligaluppi, Villarreal, Cipriano Reyes, Kraiselburd, Palacios, Gené, Balbin. Aurora, Castagnino, Figueroa Reyes, Speroni, Ana Emilia, Sabato, Alicia Rippa, Guitart, Saraví, Lili Rossi, Cesar Tiempo, Benarós, Gonzalez Tuñon, Sajer y tantos otros. Para todos era Matilde.

Hablamos de Matilde Kirilovsky o de la Doctora Creimer para la profesión, o Matilde Alba Swann para la literatura, o M.A.S. para las notas periodísticas, o “mamama” solo para sus nietos.

Mirada y mano franca. Inmanejables lágrimas saltando a borronearle sus escritos; pero que nunca alcanzaron a desdibujar su óptica acerca de los problemas que le dolían y la entristecían. Una personalidad por demás alegre, con un finísimo sentido del humor que se hacía a un lado solo cuando la ganaba la tristeza y la bronca al centrar su atención en la niñez abandonada; la vejez olvidada; los enfermos desatendidos, la miseria, la desigualdad, el hambre, la soledad  o la indiferencia.

Ella lo dice en “la poesía del derecho” “…. En noches infinitas, sublimé el hecho cotidiano, que en vigilia atormentó a la abogada: la niñez desvalida, la adolescencia carenciada, la familia en riesgo, la delincuencia juvenil en cuya salvación caminé kilómetros por pasillos tribunalicios y por celdas carcelarias. Lo viví, lo padecí, lo sublimé”

Matilde vivió con intensidad todo aquello que agitó sus sentimientos. Pasó su vida ocupada hasta la obsesión por la defensa de los indefensos. Se ponía en la piel de aquellos por quienes abogaba y desde allí nos decía a todos, incluso a los jueces, aquello que tenía que decir.

Nos gustaría que fuera conocida por quienes no han oído siquiera hablar de ella a partir de hechos diferentes de aquellos considerados como reveladores de una personalidad digna de ser destacada. Entre ellos, sus propios biznietos.

En el poema “No mas…” Matilde se plantaba ante Dios y discutía con Él mano a mano:

“Toma mi polvo, Señor
Te lo devuelvo
haz con él
una nueva creación
que no sea hombre”.

Incluso, en “undécimo mandamiento” le recriminaba que no precisara quererse.

Ámate a ti mismo,
Como quisieras que te amara el prójimo.
Mandamiento no escrito,
el no pensado
por quien nunca precisaría quererse.

Ella utilizaba los momentos en que más derecho tenía para hablarle a Dios cara a cara, como el embarazo y el alumbramiento:

Yo no temo Señor, esto
me iguala a ti, que me creaste.
Del fondo de mi entraña,
torbellino de sombras,
Tus siete días nacen.
Y lo reafirma en el poema Coral y remolino[1]:

Esta prisión caliente de ser madre.
Esta expansión celeste
de dar vida.

…………………….

No hay altura de bien que ya no alcance
ni alegría de Dios
que no sea mía.
De ente casa, arreglando el jardín o haciendo los quehaceres domésticos despuntaba el vicio con métricas que utilizaba con maestría solo en esos momentos.
Se disculpaba sosteniendo que ella simplemente cantaba…y decía, “…todo lo demás lo pone Dios”. Lo explica en los últimos versos de un poema inconcluso e inédito:Yo Canto así como canto,
mi lira la pulsa Dios;
y en alegría y quebranto
yo canto así, como canto,
porque a mi, me da la voz.

Hablamos de una poeta que le daba revancha a todos los temas. Ella decía “si crees que lo podes escribir mejor dejálo para después; no lo rompas ni lo olvides.”

Hablamos de una abogada que no podía vivir sin la poeta. Dejó un poema inédito que lo explica.
QUÉ…

Qué soy yo de ella …?
Pues eso; ella
quién iría a decirlo.
Yo misma a veces dudo,
me pierdo, busco el signo
seguro  convencerme
que sí,
que me merezco.
Porque, no sé,
tal vez la tosca, que cumple en mí
jornadas, de horario
establecido,
de paga, a tanto el tanto,
la que hace
cosas vanas, por algo
y para algo generalmente vano también,
tal vez esa yo,
digo no fuera estrictamente,
esencialmente
ella…
Yo misma dudo.

(inédito)

Ella misma le preguntaba a su poesía, en un poema que antes de nacer ya tenía destino de inédito y oculto:
Entonces yo pregunte a mi poesía,
por qué eres así… ?
Pues soy así, porque vengo hecha
de toda esa sustancia  que es así también.
Cada una de mis fibras es como yo;
cada uno de mis gestos es como yo;
es que vengo formada de diminutos yo
y todos ellos se aúnan para conformarme en plenitud.
Soy de lo que estoy hecha.
Soy el uno y el otro de mi misma.
Elemental y cósmica,
así soy.
Muero y renazco de mi misma
así me quiero y me aborrezco
así me ignoro y me sé
me hallo y me pierdo
así voy desafiando y comprobándome;
así descubro y verifico mi legitimidad,
soy hija nacida a termino de un encendido
fundamental abrazo
soy yo,
la que tembló en el beso
y amedrentó en la fuga,
y avanzó entre el fuego y el barro
el viento y el plomo,
soy la misma quedada en un espacio de cobarde
terror la braza ardiente,
la lasciva llama sola
quejándose en colores
de una ausencia
y danzando y contorneando
sobre el vértice último del ritmo.
Soy la noche, y el día…
Soy tu yo,
soy los dos al unísono.
Soy no soy,
una exhausta mariposa muriéndose en un vidrio.
Soy el monstruo que asusta a los pequeños,
el gigante el enano que sonríe, soy el hada, la lámpara
frotada milagrosa y el sueño
de una niña que no sabe leer
ni sabe un cuento.
Soy el ángel el diablo, soy lo obsceno, lo puro,
lo temprano, lo tardío, lo nuevo, lo caduco,
soy un ser siendo y no siendo
soy un sueño
y ese mundo real del que me escapo
soy mi fuga
soy yo misma contándome y mostrando
mis aristas y vértices
mi forma de morder y de besar de estar desnuda
de cubrirme y fingir
de sentir asco
de embriagar
y rodar por el pantano
Soy yo misma escuchando y asombrando
y sintiendo
piedad por este ruido de palabras
chirriando mientras ruedan.
Soy la rueda, el chirrido
y el espacio,
soy la mente que capta las figuras
y  sonidos
haciendo algunas veces de nada
Un milagro.
Soy el blanco
de improviso en que queda mi cerebro,
sin saber hacia donde
el terror niño, de no hallar nuevamente
aquel sendero que me lleva al lugar
de la partida donde se que querrán darme
mi parte de comida
y de lecho.
Soy el miedo en la noche agigantado con sus garras
negrísimas y verdes brazos rudos surcados
de maduras venas fuertes nudos como alambres
muchas veces usados;
soy la tortura de sentirme la trampa.
Esa trampa tremenda que sabemos donde fue preparada,
donde tiene sus quijadas ya prontas,
esa trampa mortal ineludible,
y esa trampa mas cruel aún, que es la cierta
indudable certeza de que existe
que vendrá por nosotros,
que estaremos allí Inmóviles quietos
sin hacer nada en contra
sin intentar siquiera hacer un gesto
que nos salve
sumisa resignada bestia mansa
Soy eso; todo eso,
lo otro mas;
todo lo otro que mi no ser va siendo
el no borrando, lo nada allá
del lado de la nada…

Porque en charlas literarias en la SADE o en la SEP , contaba que Dios escribía con ella…. “… no el común que concede gracias, ni el que impone castigos, ni el que opera milagros, ni el que clama remordimientos, ni el que enceguece, ni el que ilumina. Crear es tener a Dios con uno simultáneo con él obrando, sorprendiéndose y deslumbrándose y buscándose y reconociéndose y transitándose en pasos de “querer” y ya logrando, que es cumplir justificado en el diminuto uno, el inconmensurable humano. Y todo dentro en “nos”, no en el casillero gris de las ideas; no en el eléctrico tablero de las sensaciones, sino en el vasto espacio dentro y sin linderos. El más allá de todos los confines y el más acá de todos los comienzos. El sin mundo, sin cemento, sin carne, sin masacre…” [2] (Inédito).

Porque su profesión le dio armas para luchar por los grandes motivos de sus desvelos: la familia en riesgo, los menores tutelados y los insanos olvidados. Lo hacía con una legitimación activa siempre cuestionada, pero que le abría las puertas que necesitaba que se le abrieran y conseguía las cosas que necesitaba conseguir.

Porque se valía de la acción de amparo y del  habeas corpus siempre que hacía falta y enseñaba que eran dos acciones “…que había que usarlas al máximo, porque las garantías que da la Constitución, los Derechos Humanos, son inalienables, hacen a la esencia de los hombres”.[3]

Porque alguna vez despertó al Juez en lo Penal Omar Ozafrain a las doce de la noche y le interpuso lo que ella llamara “un habeas corpus telefónico” a favor de un menor de edad “N.N.” alojado en la Unidad Carcelaria Nº 9 de La Plata. Además de fundarlo jurídicamente, le argumentó al Juez que el tema “no la dejaba dormir”. El Doctor Ozafrain le dijo que no, mediante lo que él también llamara “un rechazo in limine telefónico”; la reprendió enojado sosteniendo que no podía ser; que lo despertaba en medio de la noche sin siquiera saber el nombre del menor y la citó a su Público Despacho en horario de Tribunales, para conversar sobre el tema. Pero media hora después fue el Juez quien llamo a Matilde telefónicamente, diciéndole que ahora era él quien no podía dormir. En pocas palabras, a las tres de la mañana hicieron un procedimiento y encontraron a un niño, de 16 años, padeciendo, entre adultos, un régimen carcelario reservado para mayores. Ambos desvelos no habían sido en vano. Al otro día, el habeas corpus fue rechazado por cuestiones formales, pero el menor no soportó ni un minuto más el régimen carcelario. Lo ocurrido muestra como era Matilde pero , por sobre todo, también muestra como era el Juez Ozafraín.

Porque como periodista alternó durante años sus programas radiales por las Radio Provincia de Buenos Aires y Universidad de La Plata y porque colaboró en innumerables publicaciones del País y del exterior. Tanto colaboraba con “Juriste Internacional” de la Union Internationale des Avocats como con los grandes diarios capitalinos o los modestos diarios del interior.
Pero su mayor y mas destacada labor la desplegó en el Diario El Día de La Plata, donde colaboró permanentemente en su columna de cultura, además de participar asiduamente en la famosa sección “Puntos de Vista”.  Tanto que como un luctuoso y doloroso ultimo mas alto peldaño en su actividad periodística, con setenta años de edad, fue corresponsal de guerra en el teatro de operaciones de Malvinas en 1982.

Somos sus hijos quienes intentamos esta tareas y por las razones apuntadas. Lo hacemos aprovechando que ella sigue latiendo en nosotros tanto como alguna vez nosotros latimos en ella. Esa es la razón por la que no encontrarán una sola frase redactada con imparcialidad. Ella sabía que viviría en su descendencia. Incluso lo insinuó en algún poema y en las dedicatorias de sus últimos libros[4].. Lo que no creemos es que Matilde haya imaginado siquiera la intensidad de su presencia y la actualidad de su poesía. Y si de originalidad hablamos solo encontrarán la que proviene de ella, su poesía y su prosa. Hasta nuestra generación, ella acaparó toda la originalidad. No sabemos qué pasará luego de nosotros, aunque ya algún nieto y alguna biznieta asoman pidiendo cancha.

[1] del libro “Coral y remolino”

[2] SADE: Sociedad Argentina de Escritores; SEP: Sociedad de Escritores de la Provincia. Ver , en extenso, en el capitulo décimo quinto

[3] “Un compromiso con la infancia” – Cecilia R. Navarro – ver, en extenso, en el capitulo décimo quiunto

[4] En “Crónica de mi misma” lo hace: “A Agustín Francisco Manuel por cuyos ojos han de mirar mis ojos algún día”; y en el libro “Inmolados” que dejara listo para editar, lo hace: “A  María. A Lucía. A Sofía. Ellas dirán lo que queda por decir”

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>