CANTO A MI LÁMPARA
| Mi sol nocturno, dulce pupila que iluminas mi huerto de tarea. Mi estío en todo tiempo, fraterna a mi costado de canto, mi regazo caliente, mi ala tierna, mi aroma en un invierno de helada noche sola, mi vid en el desierto, mi pulso cuando el pulso de todos los relojes fatiga, mi día pleno de voces, mientras duermen su sombra las doce horas caducas del silencio. Mi pan blanco en la roca. Mi lluvia en la sequía. La fresca mano en sienes ardientes de mi fiebre, rumor de esas abejas inquietas que laboran conmigo en la corola dulcísima del verso. Mi almohada de descanso. Mi sauce de sollozo, mi grillo de esperanza conmigo a mi costado queriéndome y meciéndome en ondas de sonrisa, y a veces susurrándome un canto que hace tanto no escucho, y otras veces trayéndome de nuevo la voz, lejos qué lejos de amor con un recuerdo borroso, qué borroso de incendios en el sitio más vivo de mis huesos. |
Mi lámpara, y acaso la humana, más humana de todas las presencias que hubieron las jornadas dolidas y gozadas de dar lumbre a mis versos. Pupila que pareces querer contarme un cuento. Mi ayer cándido, cuántos columpios de mi infancia volviendo por mi risa ya vanamente, el eco marfil de mi plegaria, rocío de este suelo de hierba insosegado, mi fuego, mi ceniza piadosa, mi palabra quedada en luz, mi rostro, mis manos, mi manera de andar errante mi ansia, mi miedo, y en seguida mi amparo, mi descanso, mi mansa oveja, acaso, yo misma en espejismo de lumbre luminosa que busco y que no alcanzo.
Coral y remolino - 1960 |