CREPUSCULAR
Siento llegado el tiempo de hacer cuenta,
una cuenta de cosas, todas ellas
de grandeza y tristeza
que ocurrieron
con nosotros
después.

El antes era
ese entero total
hasta aquel día, de partir impacientes
con lo apenas necesario a latir.
Allí quedaba
lo de más esencial, raíz y jugo,
nueve lunas profundas en cuclillas
y un sabor a primer dulzor
la cuna
ida y vuelta mecidamente, luego
ya no sabemos quién dolió primero
pero los dos lloramos,
una misma manera
de llorar sin llorar y de reírnos,
nuestra madre
con su acento inicial nos puso entonces
su canción para todo,
en ella vamos, son y mutismo
confundido,
juntos.

Siento llegado el tiempo de hacer cuentas,
he debido quedar, mirar en torno
descender hasta el fondo
en mí, llamarme.
Tú recuerdas, qué desnudos y claros y qué simples
y qué pobres, y opulentos al par.
Todo se advino
duro y difícil precisamente al tiempo
de concluirnos sellados con un nombre y un oficio
quizás, ni sospechado.
Más que hermandad, nos liga hermano
aquella coincidente niñez; mismo el paisaje
igual, misma pupila,
tú tenías los ojos como eran
caoba, oscuros y húmedos
los árboles
con su adusta corteza tras la lluvia
-la lluvia siempre me devuelve cosas-
reproducen el tono, la manera
de ser noche en tus ojos.
Tú mirabas
con un claro diamante allá en el fondo;
pensarte hermano ahora
es siempre un bosque de frutillas ocultas
y moreras, un trocito nomás
como un espejo
pequeñito de cielo y un perdido
paraíso, hace falta recobrarlo,
reimplantarnos allí, tal vez bastara
aquel kidusch profundo
de aquel Sábado,
que nuestra madre hubiera
los cabellos
negros, y fuera como entonces, alta.
Que tus ojos, fueran así como eran, color tronco
tras la lluvia, comprendes...?
Hace falta saber cuánto tuvimos,
qué nos queda.

En esta cima de transcurso hagamos
una pausa, no todo fue congoja,
vuelve a la miel, yo volveré a mi infancia.
Quiere ser niño tú también, decrece
ponte descalzo, que tu planta sepa
del amor de la tierra.
Limpia el cristal de tu pupila, lejos
te mira limpia su pupila un tiempo
que precisa de ti, de mí,
volvemos,
no emprendamos el regreso sin ellos,
las criaturas
de candor y fulgor, dame tu mano,
quién sabe dónde, desde qué reseca
rama
recuerda un ave, y se reanuda.

Grillo y cuna - 1971

 


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