Matilde Alba
Swann
Por que con tal silencio abandonaste el sitio
de la fraternidad que te devocionamos.
Más de una vez anduve próximo tu retiro,
intenté más de una poner acento en tu rellano
pero existían tales oquedades alrededor de todo
que clausuré el intento con severos candados:
que no entreabría puerta serena para espectar la hora
de oír tu propio acento tan persolanizado,
ni ventanales libres de observar los adentros
y saber si dormías o si estabas rimando.
Te arrancaste de nosotros que te queríamos mucho
de repente, tal como activabas tus aciertos,
también tus desaciertos, andariega del aire,
de la lluvia; muchacha dibujada en el viento.
Matilde Alba Swann, ninguno me agravó de tal pena.
Estás en mi tristeza acurrucada en el centro.
Eras distinta, diferente, eras duna de arenas
porque tu voz gritaba tal vez en el desierto;
una mamá, una hermana de cualquier cosa viva.
Avísame cuando retornes en tu renacimiento,
por medio de una escarcha de miel sobre la rosa,
el tramo del puente vital que ya estás construyendo,
para que te viajemos, para que nos navegues.
avísame si vuelves del paisaje del heno,
del nardo y la azucena y de la cruz de pino,
de los veranos ávidos, de los límpidos cierzos.
Pero no nos desligues en tan arduo abandono.
Un lujo de alba y luz ese día
vestiremos.
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