LLEVAME	

 

Llévame contigo, vagabundo.
Flautas lejanas desenroscan auroras,
y un llamado de bocas polvorientas
abre puerta en la sombra.
Quiero encender mi huella en tu costado,
y lanzarme al asombro del camino
a pisotear el viento con mis hojas,
a morder el aroma de los campos,
a beberme las luces del rocío.
Quiero salir contigo, vagabundo,
a tu abierto refugio, olor a tierra,
resonancia de mundos ya dormidos,
inclinada visión de sembradores
sobre el trémulo surco, y gusto a lluvia.
Llévame los senderos de tu carne,
aguda espina,
hambre en tu hambre,
sed reseca a tu sed, y distendida
en tu imagen volcándose en el agua.
Llévame contigo, piel adentro,
tus abismos y cumbres,
cuerda herida,
en la gris mordedura de la duda,
en la verde creencia de que existes,
en la roja certeza de tu angustia.
llévame como sea, piel afuera,
en el silbido azul con el que asciendes
al rumor de la noche,
y en la pálida pausa que despliegas
tu fraternal latido contra el suelo.
En el diurno crujido de tu paso,
de tu paso gigante y optimista,
y en el displicente,
filosofal
contorno de tu huella.
Llévame en el corcel de tu realeza,
en el mudo cortejo de tus sombras.
En tu trashumante imperio
de leyendas contadas
por ancianas
plantas;
de horizontes ceńidos en pupila;
de alucinados soles,
polen de alas;
de núbiles estrellas,
y estáticas corolas de distancia.
Llévame en el pudor de tu dulzura,
en el tramo final de tu silencio,
en la isla de paz que hay en tus aguas
cuando beben tus manos en la lluvia,
cuando miras los pájaros sonriendo.
Llévame en tu tristeza vagabundo,
y en tu pureza
auténtica.
Salmo al Retorno - 1956

 


ATRAS


INDICE


ADELANTE