Porque tienes
una madre ya otoño;
eres la hija de mi ocaso,
quiero,
compensarte pequeña
andando lenta,
tus pasitos de nardo deslizada
de mi piedra de siglo
hasta tu pétalo.
Y he de jugar contigo
a la rayuela,
al gallo ciego, al salto,
a la maestra,
y subiré en tu risa
a los tan altos
caballos blancos
de la calesita.
Porque las otras tienen,
madres jóvenes,
frescas,
de lo que alguna vez habrás
envidia
yo pagaré la culpa
de este otoño
prematuro en tu estío
dando vueltas
con mi pálido ocaso
por tu aurora
y haciéndole vestido
a tus muñecas.
Esta gloria tardía que me agobia.
Esta prisa de tiempo
y estas sienes,
ya vencidas de luna
que marchitan.
Matilde Alba Swann
(Con un hijo bajo el brazo- 1991)
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