RIO DE JANEIRO

  

Ventanas... ventanas... ventanas ..!
Cemento.
Lo que no quita 
que haya negros descalzos, 
y mestizos con hambre, y haya blancos 
con miedo.
Cuarenta . . sesenta... dos mil pisos. 
La cúpula del sudor que se levanta 
sobre un millón de espaldas.
Bancos. Agencias. 
Negritos sucios de piernitas flacas, 
mestizas empapadas de miseria, 
y blancas, con sus muslos blancos
con sus pechos blancos
marihuana,
danza,
extranjeros.
Café, café del bueno. 
Anoche fue  embarcado todo.
No quiere usted divisas en esta taza pequeña...? 
Chocolate; van en olas del océano.
Bananas; en tropical paisaje de bodega. 
Ventanas . .. ventanas. . . . ventanas . . !
Vértigo.
Detrás de cada vidrio se despeña 

la sonrisa de un negro, 
de un blanco, 
de un mestizo. 
Tatuada espalda, 
un recuerdo, 
como una serpentina 
que enrosca y desenrosca, 
con gusto a látigo caliente, 
con olor a chasquido, 
con temblor de mazmorra. 
Colorada, 
la tierra colorada,

las montañas grises,
el océano.
Y un anhelo de sauces. 
Cemento.
Blandas carnes, blandos huesos, 
y la líquida voz
que corre mansa.
El “dólar” que camina,
y el “cruzeiro”, fatigando en lamidos 
por su planta.
Rascacielos.
Un estruendo de carnaval que avanza.
Negros,
blancos,
mestizos,
y ventanas. . .!

 

                                 Matilde Alba Swann
                          
(Madera para mi mañana)


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