SOY CAPAZ DE ESPERAR

 

Soy capaz de esperar, lanzo la flecha.
Soy capaz de sangrar en río y piedra,
y esperar.
Suspendida,
rumor que apenas llega,
soy capaz de creer que alguien se acerca.
Yo no sé si ya existes o si eres todavía
una fracción de tiempo.
Si ya creció el camino por el que irás subiendo
hasta mi vida.
Si ya está dado el color de tu piel,
y tu sonido, y tu sabor,
pero presiento
tu contorno posible en la curva del viento,
y te espero,
y en mi espera, buscándote, me encuentro.
Y el momento
es grávido y redondo, un círculo cerrado
que se abrirá de pronto
o no ha de abrirse nunca, que me rodea,
que a mi vez envuelvo,
y en el centro,
mi espera,
un eje tenso.
Pausa al hartazgo,
pisoteo las vanas hojas secas,
y me abrazo fraternal al tronco, y me crezco.
Y estoy aquí,
sobre un terrón cualquiera,
y qué importa en qué paso me detengo
y detengo las horas
y sosiego la prisa de la muerte.
Y qué importa de dónde, traerá tu voz el viento,
y qué importa tu sabor y tu forma,
y qué importa también tu consistencia
y al fin qué importa, si vendrás siquiera.
Sólo importa sentir esto que siento,
un rumor de ansiedad corriendo venas, oído atento,
pupilas que se entornan, el ancho abrazo abierto,
y las horas abriendo en ancha puerta;
que hay ansiedad corriendo por las hojas
y crispada raíz bajo la tierra,
y que las ramas tiemblan.
Y lo demás qué importa...
Corra el tiempo
y deslicen mis horas por la piedra.
Yo estoy aquí sobre un terrón cualquiera,
en el centro mismo
donde el círculo rueda tan ligero
que pareciera quieto.
Trompetas de la víspera, y la espiral del eco.
Y tu forma latiendo en el espacio
sin trazo todavía,
te presiento.
Soy capaz de guardar el equilibrio
con los brazos abiertos
y los pasos tanteando por la cuerda,
y debajo el abismo, la nada, yo camino,
y no sé si llegaré al extremo.
Y yo camino,
quedándome, sin prisa,
flotándome en el viento
como las blancas velas del navío
que me lleva,
qué importa en cuánto tiempo...
Salmo al Retorno - 1956

 


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