TIEMPO
| Lo tiene calculado. El amo sabe el tiempo que el brazo necesita para decir, me entrego. Que no es tiempo de agujas, de lunas, ni de arenas. La más alta marea que alcance el mar del hambre, dará la hora precisa. Lo tiene calculado; será como una fruta madura que se suelta. Por eso espera firme, segura roca en suelo, mandíbula de mando. Lo piensa todo suyo: El cielo que se escribe de humo en la palabra riqueza; las paredes, motores, chispa, golpe, sollozo largo, rueda. Su brazo. Su petróleo. Su trigo. Su cemento. Compás golpeado en botas, respaldo intermitente de pasos que custodian la paz áurea de su arca. El brazo espera y sangra. Tampoco es de relojes el tiempo de su tiempo. El brazo, duele y sufre, y aguanta, y fortalece. La barca que sacude, la soga que desgasta sus fibras en un muelle filoso de coraje. El brazo lucha y sueña: Un sol, como un incendio, pondrá su oro en las mieses maduras para todos. Sonoro sobre viñas, el canto del reparto parejo de las uvas. Olivos y palomas, un arco iris entero color, siete promesas, y azul bastante a toda sed de las pupilas. Apura pie el transcurso. El mar brama miseria. La soga es una hebra que afina, muerta, a muerte. El próximo minuto será de nacimientos. |
El brazo ya lo escucha. La máquina lo sabe. Lo saben las ventanas que miran en la noche su turno de fatiga. Lo saben los clarines de voces ensayadas a rojo sangre adentro. Lo saben los metales maduros bajo roca. Lo sabe el mediodía sin pan. Lo sabe el surco. Lo saben las auroras de hollín sobre las flores. Lo saben las campanas sembradas en el aire. Lo sabe el rayo, el trueno, la rosa, la vertiente. La risa de los niños, el canto de las madres, sólo él, que tiene todo previsto y calculado, sus botas, sus arcones, el amo, no lo sabe.
Coral y remolino - 1960 |