TU DIMENSIÓN
| Tú tenías la dimensión de los
hombres sin estatura de guarismos. Tu corazón, una enorme campana sumergida en océano, y muchas lágrimas. Tú extendías tu latitud adentro. Tus manos eran mucho más anchas, mucho más abiertas de lo que veíamos, y tus brazos abarcaban todas las distancias. Tu pecho, una almohada caliente, una muralla, un escondido monte, un bosque, una montaña. En tus ojos cabía la calma de todos los lagos, y tú mirabas trascendiendo. Eras así, inmenso, y eras también triste. Yo sé que eras triste. Cuando tú cantabas yo sentía la resonancia larga, infinita, interminable de tus voces. Tendida tu plegaria hacia el Oriente, cuando tú rezabas, Moisés remoto, volvía al Sinaí, por tu palabra. Cuando levantabas tu sollozo de hombre contra el becerro de oro de los otros hombres, Dios mismo, sollozaba. "Eil mole rajamim", tu dolorosa sangre en elegía (1) estremecía el aire. Lejanía lejana de tus sueños, un puñado guardado de poesía, te dejabas fluir en esperanzas. Tu escondido rincón meditativo, el estrellado claustro, luz de luna en tus sienes, y corderos paciendo por tus labios. Tú eras así, pero eras y sigues siendo una presencia increíble y cierta, acuarela, de emociones mezcladas y recuerdos. Fuente brotada no se sabe dónde, ni desde cuándo, ni por cuánto tiempo. Tú eras la casa, y el amo, y el guardián, y el huésped de esa casa, y el vagabundo con su mochila al hombro pidiendo pan y agua. Tú eras así humilde, crédulo, prematuro perdón, y olvido bueno. Tu gratitud a Dios por el sustento, y el salmo de los Sábados refulgiendo tu fe sobre el pan blanco. Yo quisiera revivir aquel remanso de árboles, añoso tronco, y aquella claridad de tus senderos. Desandar la tormenta, apoyar mi sollozo en tus rodillas, y desatar mi tempestad de culpas hasta quedar vacía. Refugio blando, llana pradera, ternura que comprende sin preguntas, la serena tristeza compartida, la compartida espera. Tú eras así, hondo, universal, inmenso. Padre mío creciendo en la distancia, tu ausencia se refracta en mil ausencias, ya no te tengo, pero cuánto te tengo. Salmo al Retorno - 1956 |
(1)"Dios lleno de Misericordia", en hebreo. (Volver al poema)